Animación a la lectura
Tal era el objetivo de las ilustraciones que realizara en el 2002 para la Agenda Escolar de varios institutos de Alcobendas, Madrid. La idea la tuve muy clara desde un principio: representar a niños de hoy en día en la piel de ciertos personajes de la literatura infantil y sobretodo juvenil.
"...Pero, terminado el juego, le dijo la reina:
—¿Has visto ya a la falsa tortuga?
—No -contestó Alicia-; ni siquiera tengo la más remota idea de lo que puede ser ese bicho.
—Es el animal que se utiliza para hacer la falsa sopa de tortuga –dijo, muy seria, la reina.
—No sé lo que puede ser eso -advirtió Alicia.
—Ven conmigo -dijo entonces la reina- y te explicaré la historia."
Alice's Adventures in Wonderland de Charles Lutwidge Dodgson, más conocido bajo el seudónimo de Lewis Carroll.
"...Usaba poner cabe sí un jarrillo de vino cuando comíamos, y yo muy de presto le asía y daba un par de besos callados y tornábale a su lugar. Mas duróme poco, que en los tragos conocía la falta, y, por reservar su vino a salvo, nunca después desamparaba el jarro, antes lo tenía por el asa asido..."
La vida de Lazarillo de Tormes y de sus fortunas y adversidades
Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Estaba tumbado sobre su espalda dura, y en forma de caparazón y, al levantar un poco la cabeza veía un vientre abombado, parduzco, dividido por partes duras en forma de arco, sobre cuya protuberancia apenas podía mantenerse el cobertor, a punto ya de resbalar al suelo. Sus muchas patas, ridículamente pequeñas en comparación con el resto de su tamaño, le vibraban desamparadas ante los ojos.
—¿Qué me ha ocurrido? -pensó...
La metamorfosis relato de Franz Kafka
"Ἄνδρα μοι ἔννεπε, Μοῦσα, πολύτροπον, ὃς μάλα πολλὰ
πλάγχθη, ἐπεὶ Τροίης ἱερὸν πτολίεθρον ἔπερσε·
πολλῶν δ’ ἀνθρώπων ἴδεν ἄστεα καὶ νόον ἔγνω,
πολλὰ δ’ ὅ γ’ ἐν πόντῳ πάθεν ἄλγεα ὃν κατὰ θυμόν,
ἀρνύμενος ἥν τε ψυχὴν καὶ νόστον ἑταίρων.
ἀλλ' οὐδ' ὧς ἑτάρους ἐρρύσατο, ἱέμενός περ·
αὐτῶν γὰρ σφετέρῃσιν ἀτασθαλίῃσιν ὄλοντο,
νήπιοι, οἳ κατὰ βοῦς Ὑπερίονος Ἠελίοιο
ἤσθιον· αὐτὰρ ὁ τοῖσιν ἀφείλετο νόστιμον ἦμαρ.
τῶν ἁμόθεν γε, θεά, θύγατερ Διός, εἰπὲ καὶ ἡμῖν..."
Ὀδύσσεια (La Odysea) Ὁμήρου (Homero)
"Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto y se va al prado y acaricia tibiamente, rozándolas apenas,las florecillas rosas, celestes y gualdas. Lo llamo dulcemente: ¿Platero?, y viene a mí con un trotecillo alegre, que parece que se ríe en no sé qué cascabeleo ideal..."
Platero y yo de Juan Ramón Jiménez
—Claro, –dijo el zorro– todavía no eres para mí más que un niño parecido a otros cien mil niños. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro parecido a otros cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo. Yo seré para ti único en el mundo...
—Comienzo a entender -dijo el principito-. Hay una flor... creo que me ha domesticado...
—Es posible -dijo el zorro-. En la Tierra se ven todo tipo de cosas...
—Oh! no es en la Tierra -dijo el principito.
El zorro pareció muy intrigado.
—¿En otro planeta?
—Sí.
—¿Hay cazadores en aquel planeta?
—No.
—¡Eso es interesante! ¿Y gallinas?
—No.
—Nada es perfecto -suspiró el zorro.
[...]
—Por favor... ¡domestícame! -dijo-.
—Me parece bien –respondió el principito-, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
—Sólo se conoce lo que uno domestica -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen más tiempo de conocer nada. Compran cosas ya hechas a los comerciantes. Pero como no existen comerciantes de amigos, los hombres no tienen más amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!
—¿Qué hay que hacer? -dijo el principito-.
—Hay que ser muy paciente -respondió el zorro-. Te sentarás al principio más bien lejos de mí, así, en la hierba. Yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...
Al día siguiente el principito regresó.
—Hubiese sido mejor regresar a la misma hora -dijo el zorr-. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. Al llegar las cuatro, me agitaré y me inquietaré; descubriré el precio de la felicidad. Pero si vienes en cualquier momento, nunca sabré a qué hora preparar mi corazón... Es bueno que haya ritos.
—¿Qué es un rito? -dijo el principito-.
—Es algo también demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días, una hora de las otras horas...
Le Petit Prince (El principito)
de Antoine de Saint-Exupéry
En esto, descubrieron treinta o cuarenta molinos de viento que hay en aquel campo; y, así como don Quijote los vio, dijo a su escudero:
—La ventura va guiando nuestras cosas mejor de lo que acertáramos a desear, porque ves allí, amigo Sancho Panza, donde se descubren treinta, o pocos más, desaforados gigantes, con quien pienso hacer batalla y quitarles a todos las vidas, con cuyos despojos comenzaremos a enriquecer; que ésta es buena guerra, y es gran servicio de Dios quitar tan mala simiente de sobre la faz de la tierra.
—¿Qué gigantes? -dijo Sancho Panza.
—Aquellos que allí ves -respondió su amo- de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas...
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
de Miguel de Cervantes Saavedra
...Manrique amaba la soledad, y la amaba de tal modo, que algunas veces hubiera deseado no tener sombra por que su sombra no lo siguiese a todas partes. Amaba la soledad porque en su seno, dando rienda suelta a la imaginación, forjaba un mundo fantástico, habitado por extrañas creaciones, hijas de sus delirios y sus ensueños de poeta, porque Manrique era poeta, ¡tanto, que nunca le habían satisfecho las formas en que pudiera encerrar sus pensamientos, y nunca los había encerrado al escribirlos!
Creía que entre las rojas ascuas del hogar habitaban espíritus de fuego de mil colores, que corrían como insectos de oro a lo largo de los troncos encendidos, o danzaban en una luminosa ronda de chispas en la cúspide de las llamas, y se pasaba las horas muertas sentado en un escabel, junto a la alta chimenea gótica, inmóvil y con los ojos fijos en la lumbre. Creía que en el fondo de las ondas del río, entre los musgos de la fuente y sobre los vapores del lago vivían unas mujeres misteriosas, hadas, sílfides u ondinas, que exhalaban lamentos y suspiros o cantaban y se reían en el monótono rumor del agua, rumor que oía en silencio, intentando traducirlo. En las nubes, en el aire, en el fondo de los bosques, en las grietas de las peñas imaginaba percibir formas o escuchar sonidos misteriosos, formas de seres sobrenaturales, palabras inteligibles que no podía comprender.
¡Amar! Había nacido para soñar el amor, no para sentirlo...
El Rayo de Luna de Gustavo Adolfo Bécquer








